En el tranquilo susurro de la respiración calmada y en la serenidad de la mente vacía y concentrada, se despliega ante nosotros el misterioso camino de los Jhanas, esos estados de conciencia profundos que afectan a todo nuestro ser y que conocen los meditadores experimentados. 

Hoy, nos adentraremos en el delicado tejido de los ocho Jhanas, cuatro con forma y cuatro sin forma, en un viaje introspectivo que nos invita a explorar los confines de nuestra propia mente y espíritu.

Para ello os explicaré de forma somera, la esencia de cada estado meditativo o Jhana.

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Los Cuatro Jhanas con Forma: El Despertar Sensorial

Primer Jhana: La Conciencia Embriagada de Serenidad

Aquí, en este umbral inicial, la mente se sumerge en un estado de dicha y serenidad, desprendiéndose de los deseos mundanos. Es un reino donde el meditador se baña en la satisfacción pura, una sensación de plenitud que emana de la concentración profunda.

Le podemos llamar estado de felicidad que surge desde el Hara, el centro vital. 

Es además una prueba irrefutable de que la felicidad es una energía que yace en nuestro interior y que fluye de dentro hacia afuera cuando las condiciones de nuestro cuerpo, mente y energía están armonizadas.

Segundo Jhana: La Armonía del Silencio Interno

Profundizando más, el meditador encuentra una paz que trasciende incluso la dicha inicial. En este estado, la concentración se afianza y la serenidad fluye sin esfuerzo, como un río que serpentea tranquilamente, despojado de toda turbulencia.

En este segundo Jhana la felicidad ya no es sólo interior sino que es como si estuviéramos nadando en medio de olas de felicidad. Sorprende bastante la primera vez que se experimenta.

Tercer Jhana: El Equilibrio Sutil de la Consciencia

Aquí, la dicha da paso a un contentamiento más sutil, un equilibrio delicado entre serenidad y consciencia. El meditador, como un ave planeando en el cielo claro, observa el mundo y su propia experiencia desde una distancia serena.

El amor se convierte en el estado de ecuanimidad y todo se puede sentir sin deslazar nuestro centro. Es un estado muy hermoso.

Cuarto Jhana: La Pureza de la Ecuanimidad

En este último Jhana con forma, la mente alcanza una pureza y una ecuanimidad inquebrantables, trascendiendo a un estado de observación limpia y pura de todo. 

Seguramente es lo que se llama popularmente el tercer ojo, pues la visión completa que se experimenta es como ver desde el punto central de una esfera, y todos los contenidos de esa esfera en todas las realidades.

La dicha y el sufrimiento se disuelven en un mar de tranquilidad absoluta, y el meditador se halla en un estado de equilibrio perfecto.

Los Cuatro Jhanas sin Forma: La Inmersión en lo Infinito

Quinto Jhana: El Espacio Infinito

Trascendiendo la forma, el meditador entra en el reino del espacio infinito. Hay que decir que la mente y el cuerpo literalmente se separan en los Jhanas sin forma (por eso se dice “sin forma”, porque la forma -el cuerpo- no está)

Aquí, la percepción de los límites físicos se desvanece, y la consciencia se expande sin fronteras, como el universo mismo.

Tanto puedes sentir el especio de la habitación en donde estás, como el planeta o espacios ínfimos. El estado puede durar lo que la  mente entrenada puede permanecer en él.

Sexto Jhana: La Consciencia Infinita

En este estado, la mente se percibe a sí misma como infinita, un vasto océano de consciencia que se extiende en todas direcciones. Es una experiencia de vibración de todas las partículas, por decirlo así, de todo. Yo creo que es lo que llamamos Dios, porque aquí se percibe claramente que todo es inteligencia, todo tiene inteligencia. 

Séptimo Jhana: La Nada Infinita

Profundizando aún más, el meditador encuentra la «nada infinita», un estado donde la percepción y la no-percepción se entrelazan. Es un lugar de profunda quietud y vacío, donde lo efímero y lo eterno se encuentran.

Básicamente este estado es de Nada.

Octavo Jhana: Ni Percepción ni No-Percepción

En este último Jhana, el meditador se sitúa en un umbral misterioso, en un estado de consciencia tan sutil que trasciende la dualidad de percepción y no-percepción. Es un reino de profunda unión con el todo, un estado de ser que desafía toda conceptualización.

Cada Jhana es un paso en el camino hacia una comprensión más profunda de nuestra propia naturaleza y del universo. En la meditación, al explorar estos estados de consciencia, nos acercamos a una comprensión más íntima de la realidad, un viaje que es tanto personal como universal, un baile eterno entre la mente, el espíritu y el cosmos.

En las épocas dn que he podido meditar más y mi nivel de concentración ha estado más alto, he podido viajar por estos Jhanas y una cosa que siempre me apasionó, es poder decir a la gente que eso está ahí, que es un camino real, que nos conduce a compresiones que van más allá de nada que puedas conseguir en la vida material. 

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