Experiencias cercanas a la muerte: ¿un viaje de la conciencia o una ilusión del cerebro?

¿Qué sucede cuando morimos? ¿Se apaga nuestra conciencia definitivamente o existe alguna forma de continuidad más allá de la vida física? ¿Son reales las experiencias que algunas personas describen después de haber estado al borde de la muerte, o son simplemente fenómenos producidos por nuestro cerebro?

Son preguntas que nos hemos hecho desde tiempos inmemoriales y que, a pesar de todos nuestros avances científicos, todavía no tienen una respuesta definitiva.

A lo largo de mis más de treinta años de experiencia como terapeuta holístico, he trabajado con personas de muy diferentes edades, circunstancias y condiciones de vida. Algunas acudían a mi consulta buscando alivio para sus problemas de salud; otras atravesaban momentos difíciles y necesitaban ayuda para recuperar su equilibrio personal.

Entre todas esas personas, he tenido la oportunidad de conocer a varias que habían vivido lo que conocemos como experiencias cercanas a la muerte (ECM).

Lo interesante es que, aunque sus relatos eran diferentes, algunos elementos se repetían de manera sorprendente. Y no hablo solamente de personas que habían escuchado historias sobre túneles y luces. Hablo de personas que me explicaban, de primera mano, lo que recordaban haber vivido.

Con los años, estas conversaciones, junto con algunas experiencias personales que también quiero compartir, me han llevado a reflexionar profundamente sobre la conciencia, la vida y la muerte.

No pretendo demostrar qué existe después de morir. Quiero contar lo que he conocido, lo que he experimentado y las conclusiones personales a las que he llegado.

Cuando el sufrimiento desaparece y aparece la paz

Uno de los elementos que más me ha llamado la atención en los testimonios que he escuchado es la sensación de paz.

Personas que estaban sufriendo intensamente describen que, de repente, todo desaparece. Ya no hay dolor, angustia ni preocupación. Simplemente experimentan un bienestar extraordinario, una tranquilidad difícil de explicar.

Mi hermana Eva vivió una experiencia de este tipo.

Después de una intervención aparentemente sencilla, realizada con anestesia local, sufrió una complicación que le provocó una sensación intensa de ahogo.

Estaba pasando por momentos de verdadero sufrimiento, hasta que llegó un instante en que, según me explicó, todo cambió.

De repente, desapareció la angustia.

Ya no sentía aquel ahogo desesperante. Todo estaba en calma. Experimentó una paz maravillosa, profunda, como si nada malo pudiera sucederle.

Posteriormente fue reanimada y recuperó la conciencia, regresando también a las sensaciones físicas que acompañaban su situación.

Su experiencia fue breve, pero para mí resultó especialmente significativa.

Me impresionó aquel contraste entre el sufrimiento físico que estaba viviendo y la serenidad que recordaba haber experimentado.

Y no era la única persona que me había hablado de algo semejante.

El túnel, la luz y las personas que esperan

En otros relatos aparecían elementos adicionales.

Algunas personas describían una especie de camino o túnel por el que avanzaban hacia una luz. Otras hablaban de una presencia que las acompañaba y les transmitía una sensación extraordinaria de seguridad.

En ocasiones identificaban esa presencia con algún familiar fallecido. Otras veces, con Jesucristo o con una figura espiritual relacionada con sus creencias.

También he escuchado descripciones de una luz dorada, cálida y acogedora, que parecía acompañar a la persona durante su recorrido.

Lo que me resultaba especialmente curioso no era solamente la semejanza de algunas imágenes, sino las emociones que las acompañaban.

Quienes me narraban estas experiencias hablaban de confianza, tranquilidad y, en muchos casos, de una sensación de encontrarse en un lugar al que pertenecían.

Al final de aquel recorrido, algunas personas describían la presencia de alguien que parecía invitarlas a continuar.

Pero no todas aceptaban aquella invitación.

Estas semejanzas no han pasado desapercibidas para la investigación científica. En 2001, el cardiólogo Pim van Lommel publicó en la prestigiosa revista The Lancet un estudio realizado con 344 pacientes reanimados después de sufrir una parada cardíaca. De ellos, 62 personas, aproximadamente el 18 %, relataron experiencias cercanas a la muerte.

El estudio puso de manifiesto que estas vivencias merecen ser investigadas seriamente, aunque sus resultados no permiten establecer por sí solos qué sucede con la conciencia cuando morimos.

Consultar el estudio de Pim van Lommel publicado en The Lancet.

Y aquí quiero contar una anécdota que todavía hoy me hace sonreír cuando la recuerdo.

«¡Ah, el pesado ese!»

Hace años vino a mi consulta una señora catalana de más de ochenta años.

Era una mujer encantadora, con mucho sentido del humor y una manera extraordinariamente práctica de entender la vida.

Tenía importantes dolores óseos y caminaba con dificultad, aunque conservaba su autonomía. Su familia, que confiaba en mi trabajo, me la trajo porque su situación era complicada y los médicos tenían pocas posibilidades de aliviar su sufrimiento.

Recuerdo que, conversando con ella, quise transmitirle cierta tranquilidad respecto a la muerte.

Le expliqué que algunas personas que habían pasado por experiencias cercanas a la muerte me habían hablado de un camino, una luz y una presencia que las esperaba al final.

Mi intención era que, cuando llegara su momento, pudiera afrontarlo sin miedo.

Le conté que, según aquellos testimonios, la experiencia podía resultar muy agradable y que algunas personas describían a alguien que las invitaba a continuar hacia aquella luz.

Entonces me miró con absoluta naturalidad y me dijo:

—¡Ah, el pesado ese! ¡El tío ese que siempre quiere que pase! Yo siempre le digo que no y me vuelvo para atrás.

¡No podía parar de reír!

Lo dijo con tanta espontaneidad, como si estuviera hablando de un vecino particularmente insistente, que aquella conversación se me quedó grabada.

Según me explicó, había vivido anteriormente situaciones en las que había sentido aquella invitación a pasar, pero siempre se había negado.

No sé qué había sucedido exactamente durante esos episodios ni cuál era su explicación médica. Lo que sí recuerdo perfectamente es su convicción y la naturalidad con la que lo contaba.

Aquella mujer, que tenía tantas dificultades para caminar por este mundo, parecía tener muy claro que todavía no quería abandonarlo.

El pintor que había visto algo difícil de explicar

En otra ocasión conocí a un hombre llamado Miquel durante un retiro en el que coincidimos.

Era pintor y, un día, me comentó que quería enseñarme parte de su obra.

Me mostró un cuadro abstracto.

No era una representación convencional de un paisaje ni de una figura humana. Era una composición que, por alguna razón, me produjo una impresión muy intensa.

Desde mi manera de percibir las cosas, sentí que aquella pintura expresaba una experiencia energética muy particular.

Sin conocer todavía su historia, le dije:

—Esto es lo que tú viste allí.

Miquel me miró sorprendido y respondió:

—Exacto.

Entonces me contó que había atravesado una situación de muerte clínica de varios minutos, según recordaba.

Después de recuperarse, había pasado por un periodo extraño, durante el cual no conseguía comprender del todo lo que le había sucedido.

Tiempo después realizó unas sesiones de bioenergética y, según me explicó, comenzaron a regresar recuerdos que relacionaba con aquella experiencia.

Recordaba un túnel, una luz al final y una figura que parecía animarlo a continuar.

Pero en determinado momento aquella escena desapareció y volvió a recuperar la conciencia de su entorno.

El cuadro que me había enseñado era su manera de representar lo que recordaba de aquel límite.

Aquella conversación me hizo reflexionar sobre la fuerza que pueden tener determinadas experiencias y sobre cómo algunas personas necesitan expresarlas mediante el arte, la palabra o cualquier otro lenguaje que les permita darles sentido.

No todas las experiencias son agradables

Hasta aquí he hablado de paz, bienestar y luces acogedoras.

Pero sería un error pensar que todas las experiencias cercanas a la muerte son necesariamente agradables.

Existen testimonios de personas que describen miedo, oscuridad, presencias amenazantes o sensaciones profundamente perturbadoras.

Aunque las experiencias de paz y bienestar son las más conocidas, también existen relatos muy diferentes. Una investigación publicada en 2019, dedicada específicamente a las experiencias cercanas a la muerte angustiosas, identificó este tipo de vivencias en aproximadamente el 14 % de los 123 testimonios analizados.

Algunas personas describían sensaciones de vacío, miedo o presencias amenazantes. Esto demuestra que no todas las experiencias siguen el mismo patrón, aunque todavía desconocemos las causas de estas diferencias.

Consultar la investigación sobre experiencias cercanas a la muerte angustiosas.

Y quiero compartir algo que viví personalmente, aunque debo aclarar que no puedo afirmar que se tratara de una experiencia cercana a la muerte en sentido médico.

Fue durante una etapa especialmente difícil de mi vida, después de una separación.

Atravesaba una situación emocional complicada y me encontraba profundamente agotado.

Siempre he tenido cierta tendencia a aislarme cuando estoy enfermo o me encuentro mal. Como hacen algunos animales, prefiero quedarme quieto, descansar y esperar a recuperarme.

Reconozco que no siempre ha sido una actitud acertada.

En aquella época estaba solo y, una noche, experimenté una sensación muy intensa de que mi cuerpo ya no podía sostenerme.

Pero lo que sentí no se parecía en absoluto a las experiencias luminosas que otras personas me habían relatado.

Era un entorno desagradable, poblado de presencias que percibía como hostiles. Sentía una agresividad constante, como si algo estuviera molestándome o amenazándome continuamente.

La experiencia era profundamente inquietante.

En aquel momento recurrí a algo que había practicado durante muchos años: la meditación.

Comencé a meditar y, progresivamente, aquella experiencia desapareció.

No puedo explicar con certeza qué ocurrió. Tampoco puedo asegurar que aquellas presencias existieran fuera de mi percepción.

Desde mi interpretación energética, sentí que estaba atravesando una profunda pérdida de estabilidad interior.

Los infiernos y el sufrimiento de la conciencia

Aquella experiencia me hizo pensar en las descripciones de los estados infernales presentes en distintas tradiciones espirituales.

En el budismo, por ejemplo, encontramos representaciones de diferentes estados de sufrimiento. Entre ellos están los reinos infernales, asociados a experiencias extremas de dolor y aversión, y el reino de los pretas, los llamados seres hambrientos, caracterizados por un deseo insaciable que nunca encuentra satisfacción.

Esta última imagen siempre me ha parecido especialmente significativa.

Ese estado en el que nunca tenemos suficiente, en el que siempre queremos algo más, en el que nuestros deseos nos dominan y terminan convirtiéndose en una fuente constante de sufrimiento.

Mirando hacia atrás, creo que aquella etapa de mi vida tenía algo de eso.

Había vivido situaciones personales difíciles y reconozco que también había actuado de maneras que hoy considero equivocadas. Había cometido errores y, seguramente, había generado sufrimiento que podría haber evitado.

Desde mi perspectiva espiritual, aquella experiencia angustiosa parecía reflejar ese estado interior.

No lo interpreto como un castigo divino ni pretendo afirmar que exista una relación demostrada entre nuestros errores y lo que experimentamos al acercarnos a la muerte.

Pero sí creo que nuestra manera de vivir influye profundamente en nuestra conciencia.

En mi caso, aquella experiencia fue una invitación a revisar mi vida, mis actitudes y mi relación con los demás.

Y también confirmé algo que ya había aprendido mediante la práctica: la meditación puede ser una herramienta valiosa para recuperar serenidad ante determinados estados de angustia.

Cuando sentí que mi energía se deshacía

Hubo otra experiencia personal muy diferente.

Habían pasado años desde aquella etapa difícil. Durante ese tiempo había continuado mi trabajo terapéutico, acompañando a muchas personas en sus procesos de recuperación, crecimiento interior y búsqueda de bienestar.

También había realizado mi propio trabajo personal.

Con los años fui transformando aspectos de mi vida que necesitaban cambiar, revisando conflictos, aprendiendo de mis errores y desarrollando una comprensión más compasiva de mí mismo y de los demás.

Pero aquella dedicación profesional y personal también me había llevado a un estado de agotamiento vital extremo.

Era un cansancio tan profundo que me resulta difícil describirlo.

En determinado momento comencé a percibir algo extraordinariamente peculiar.

Sentía una energía en el lado izquierdo de mi cuerpo y otra en el derecho. Poco a poco, ambas parecían ir deshaciéndose, como si la estructura energética que yo percibía habitualmente estuviera perdiendo su consistencia.

Finalmente, tuve la sensación de que solamente permanecía un eje central.

Ese eje parecía surgir de una zona situada por debajo del ombligo, relacionada con lo que en algunas tradiciones orientales se conoce como hara o dantian.

En determinadas prácticas meditativas y artes tradicionales, esta región se considera un centro fundamental de equilibrio y atención corporal.

Para mí, en aquel instante, era como si todo lo que sostenía mi existencia estuviera concentrado allí.

Después llegó un momento en que incluso aquella última sensación comenzó a desaparecer.

Y entonces ocurrió algo sorprendente.

Todo dejó de tener importancia.

Las preocupaciones, los problemas, las relaciones, los vínculos personales, las cosas que había hecho y las que todavía quería hacer…

Todo parecía disolverse.

No había tristeza ni desesperación.

Solamente una paz inmensa.

Era como si ya no hubiera nada que resolver, nada que conseguir y nada a lo que aferrarse.

En algún momento, sin saber exactamente por qué, aquella sensación comenzó a invertirse.

Volví a percibir progresivamente la estructura de mi cuerpo y recuperé mi estado habitual.

Pero la experiencia me dejó una impresión profunda.

Dos experiencias, dos estados interiores muy diferentes

Con el tiempo he reflexionado mucho sobre el contraste entre ambas vivencias.

En la primera, durante una etapa de conflicto personal, experimenté miedo, agresividad y un entorno profundamente desagradable.

En la segunda, después de años de trabajo interior y transformación personal, lo que apareció fue una serenidad extraordinaria.

¿Fue una coincidencia? ¿Influyó mi estado psicológico? ¿Se trató de procesos de conciencia diferentes?

No puedo demostrarlo.

Pero desde mi experiencia personal, creo que existe una relación entre nuestra manera de vivir y los estados interiores que desarrollamos.

Una vida más ordenada, equilibrada, amorosa y compasiva puede ayudarnos a cultivar una conciencia más serena.

Y me gusta pensar que esa serenidad también puede acompañarnos cuando llegue el momento de morir.

Esto no significa que una persona que tenga una experiencia angustiosa haya vivido mal, ni que una experiencia agradable sea una recompensa por haberse comportado correctamente.

Sería una simplificación injusta.

Lo que quiero transmitir es que el trabajo interior que realizamos durante nuestra vida puede transformar profundamente nuestra manera de experimentar la existencia, incluido nuestro modo de relacionarnos con la idea de la muerte.

Estar gravemente enfermo no es necesariamente estar muriendo

Hay una distinción que considero importante y que a menudo se pasa por alto cuando hablamos de experiencias cercanas a la muerte.

Una cosa es encontrarnos en una situación médica muy grave y otra es experimentar subjetivamente lo que interpretamos como el proceso de morir.

Lo digo también desde mi experiencia.

A lo largo de mi vida he sufrido dos infartos.

En ambos atravesé situaciones físicas importantes, acompañadas de sensaciones y experiencias que recuerdo perfectamente.

Sin embargo, no las viví del mismo modo que aquellas otras ocasiones en las que sentí que mi estructura energética se estaba deshaciendo.

Durante los infartos, mi organismo estaba atravesando una crisis y luchando por sobrevivir.

En cambio, en las otras experiencias tuve la percepción de que algo se estaba desprendiendo, de que los vínculos con mi cuerpo y con mi identidad habitual comenzaban a desaparecer.

Naturalmente, esta es una distinción basada en mi vivencia personal, no un criterio médico para determinar cuándo alguien está muriendo.

Desde el punto de vista clínico, una persona puede encontrarse en peligro de muerte sin experimentar ninguna sensación especial. Y también puede experimentar una profunda sensación de separación del cuerpo sin que exista un proceso de muerte biológica.

Pero para mí esa diferencia resulta importante.

Porque el dolor, la enfermedad y el sufrimiento físico no son necesariamente equivalentes a la experiencia subjetiva de morir.

A veces estamos luchando intensamente por continuar viviendo, y eso es precisamente lo contrario de la sensación de desprendimiento que he intentado describir.

Esta forma de comprender la conciencia, la energía y nuestra relación con la realidad no es una reflexión que haya surgido únicamente a partir de estas experiencias. Es parte de una visión que he ido desarrollando durante muchos años de práctica terapéutica, meditación y observación personal.

En mi libro La magia de la vida. Acercándonos a otra realidad comparto algunas de estas reflexiones sobre nuestra existencia y la posibilidad de contemplar la realidad desde una perspectiva diferente de la que habitualmente utilizamos.

Cuando la vida parece regresar justo antes de terminar

Hay otro fenómeno relacionado con el final de la vida que siempre me ha resultado curioso.

En ocasiones, personas que llevan días o semanas muy enfermas experimentan una mejoría repentina poco antes de fallecer.

Pueden recuperar energía, mostrarse más comunicativas, tener mejor ánimo o dar la impresión de encontrarse sorprendentemente bien.

En algunos contextos se conoce como repunte terminal. Cuando lo que reaparece de manera inesperada es la claridad mental, especialmente en personas que habían perdido capacidades cognitivas, se habla de lucidez terminal.

No son exactamente el mismo fenómeno, aunque pueden coincidir.

Recuerdo que algo semejante ocurrió con mi abuela.

Había pasado varias semanas sufriendo y encontrándose muy mal.

Pero, de repente, un día se encontró extraordinariamente bien.

Estaba contenta, tranquila, animada. Parecía que aquel sufrimiento había quedado atrás y que había recuperado una parte de su vitalidad.

Al día siguiente falleció.

Aquello me impresionó profundamente.

Este fenómeno también ha despertado el interés de los investigadores. En 2024, la revista científica Journal of Pain and Symptom Management publicó una serie de tres casos de pacientes con enfermedades avanzadas que experimentaron episodios inesperados de claridad mental y recuperación de determinadas capacidades poco antes de fallecer.

Aunque todavía conocemos poco sobre sus mecanismos, estas observaciones muestran que el final de la vida puede presentar cambios sorprendentes que merecen ser estudiados.

Consultar la investigación sobre lucidez terminal.

Con el tiempo he sabido que otras familias y profesionales sanitarios también han observado episodios parecidos.

No sucede siempre, ni significa necesariamente que una mejoría repentina anuncie una muerte próxima. Tampoco conocemos completamente los mecanismos que pueden producir estas fluctuaciones.

Pero desde mi perspectiva personal, aquella experiencia me hizo reflexionar sobre lo complejo que puede ser el proceso final de la vida.

A veces, cuando pensamos que una persona está llegando al límite de sus fuerzas, aparece un último momento de bienestar que nadie esperaba.

Y aunque no podamos explicar completamente lo que sucede, esos momentos pueden adquirir un significado muy especial para quienes los viven y para sus familiares.

El hara, los recuerdos y mi interpretación de la conciencia

A partir de mis experiencias desarrollé una interpretación personal sobre lo que podría suceder durante el proceso de morir.

En mi manera de comprender el cuerpo energético, el centro vital situado en la región abdominal tiene una importancia especial.

Lo relaciono simbólicamente con la acumulación de nuestras experiencias, nuestros vínculos y las vivencias que conforman nuestra existencia.

Imagino que, cuando una persona se aproxima al final de su vida, esa estructura comienza a transformarse.

Desde esta perspectiva, los recuerdos y las experiencias podrían manifestarse en la conciencia como una sucesión de imágenes, emociones y momentos vividos.

Algunas personas que han atravesado experiencias cercanas a la muerte describen precisamente una revisión de su vida, a veces extraordinariamente rápida y cargada de significado.

Mi interpretación es que esa sucesión podría estar relacionada con un proceso de desprendimiento de todo aquello con lo que nos hemos identificado durante nuestra existencia.

Incluso me he preguntado si la imagen del túnel podría representar, en algunos casos, una manera particular de percibir ese proceso interior.

En mi propia experiencia, sentí como si todo lo vivido estuviera contenido en aquel centro vital y, al disolverse, regresara simbólicamente al universo del que formamos parte.

Como si cada experiencia, cada vínculo y cada momento de nuestra existencia fueran liberándose hasta que ya no quedara nada a lo que aferrarse.

Y entonces la conciencia, despojada de todo aquello con lo que habitualmente se identifica, pudiera experimentar una sensación de vacío, amplitud y paz.

No estoy afirmando que esta sea la explicación científica del túnel ni que los recuerdos estén almacenados físicamente en el hara.

Es una interpretación nacida de mis experiencias, mi práctica meditativa y mi manera de comprender la dimensión energética del ser humano.

Pero hay algo que continúa resultándome fascinante: la posibilidad de que, en determinados estados de conciencia, nuestra percepción habitual del cuerpo, del tiempo y de nuestra propia identidad se transforme profundamente.

¿Qué dice la ciencia sobre las experiencias cercanas a la muerte?

Las experiencias cercanas a la muerte no son únicamente un asunto religioso o espiritual. También son objeto de investigación científica.

Se han documentado testimonios de personas que, después de sobrevivir a una parada cardíaca u otras situaciones críticas, recuerdan sensaciones de paz, experiencias extracorporales, luces intensas, encuentros con figuras familiares o revisiones de su propia vida.

Sin embargo, no todas las personas que sobreviven a estas situaciones recuerdan experiencias semejantes, ni todos los relatos contienen los mismos elementos.

La investigación estudia posibles mecanismos neurológicos, fisiológicos y psicológicos relacionados con estos fenómenos.

Se han planteado hipótesis sobre la actividad cerebral en situaciones de estrés extremo, las alteraciones del oxígeno disponible para el cerebro, determinados neurotransmisores y los cambios en las redes cerebrales relacionadas con la percepción y la conciencia.

También se investiga por qué algunas personas recuerdan experiencias tan vívidas después de haber atravesado situaciones críticas.

Es importante recordar que una parada cardíaca reversible no equivale a muerte cerebral irreversible, y que no siempre podemos determinar con precisión en qué momento se formaron los recuerdos que una persona relata después de ser reanimada.

Por tanto, aunque las experiencias son reales como vivencias subjetivas, su interpretación continúa abierta.

Una de las investigaciones más interesantes de los últimos años es el proyecto AWARE II, dirigido por el doctor Sam Parnia y publicado en 2023 en la revista Resuscitation.

En este estudio multicéntrico se investigó la actividad cerebral y la posible existencia de recuerdos conscientes durante las maniobras de reanimación cardiopulmonar. Para ello se utilizaron sistemas de monitorización cerebral y pruebas con estímulos visuales y auditivos.

Entre los 28 supervivientes que pudieron ser entrevistados, algunos relataron recuerdos o experiencias que los investigadores clasificaron en diferentes categorías, incluidas experiencias trascendentes.

También se registró actividad electroencefalográfica compatible con procesos conscientes durante determinadas fases de la reanimación.

Los resultados son interesantes porque plantean nuevas preguntas sobre la actividad cerebral en situaciones críticas, aunque no demuestran que la conciencia pueda existir independientemente del cerebro.

Consultar el estudio AWARE II publicado en Resuscitation.

Para algunas personas representan una manifestación de la conciencia más allá del cuerpo. Para otras, son fenómenos que pueden surgir de la actividad cerebral en circunstancias extraordinarias.

Yo considero importante escuchar ambas perspectivas sin necesidad de convertirlas en una confrontación.

La ciencia tiene la responsabilidad de investigar y contrastar. La experiencia personal, por su parte, nos invita a reflexionar sobre cuestiones que todavía no comprendemos completamente.

La huella que dejamos en quienes nos rodean

Hay otra observación que quiero compartir.

En algunas conversaciones con enfermeras que habían trabajado acompañando a personas al final de su vida, me explicaron algo que me resultó muy curioso.

Según su experiencia, el carácter de algunas personas parecía influir en el ambiente emocional que se generaba a su alrededor durante sus últimos días.

Cuando acompañaban a alguien especialmente irritable, podían surgir tensiones entre quienes lo atendían.

En cambio, una persona dulce y tranquila parecía favorecer un ambiente más sereno.

Y cuando se trataba de alguien con mucho sentido del humor, incluso en circunstancias difíciles aparecían momentos de alegría y complicidad.

No significa que el carácter de una persona determine necesariamente cómo se comportarán los demás. Las circunstancias del cuidado y las emociones de los profesionales son mucho más complejas.

Pero aquellas conversaciones me hicieron pensar en algo importante.

Durante nuestra vida no solamente acumulamos experiencias. También influimos continuamente en quienes nos rodean.

Nuestras palabras, nuestros gestos y nuestra manera de relacionarnos dejan una huella.

Y quizá por eso merece la pena prestar atención no solamente a cómo queremos morir, sino, sobre todo, a cómo estamos viviendo.

La muerte como transformación: una reflexión sobre la vida

Después de escuchar tantos testimonios y de vivir mis propias experiencias, hay una reflexión que quiero compartir.

La muerte forma parte de la vida.

Nos guste o no, es un acontecimiento inevitable. Y precisamente por eso creo que merece la pena aprender a contemplarla con cierta naturalidad.

No sabemos con certeza qué sucede con la experiencia consciente cuando termina definitivamente la vida biológica.

Podemos tener creencias, intuiciones, interpretaciones y experiencias personales que nos ayuden a construir nuestra propia comprensión.

Pero quizá no necesitemos resolver completamente ese misterio para vivir con mayor serenidad.

En mi caso, las experiencias que he conocido me han llevado a contemplar la muerte como una transformación profunda, aunque reconozco que esa es mi visión personal y no una certeza demostrada.

También me han llevado a pensar que el modo en que vivimos importa.

No porque exista una garantía de que las buenas acciones nos proporcionarán una muerte agradable, sino porque cada día estamos construyendo nuestra manera de sentir, pensar y relacionarnos con el mundo.

Cultivar la compasión, aprender a reconocer nuestros errores, resolver conflictos cuando sea posible y vivir con mayor equilibrio son formas de transformar nuestra experiencia presente.

Y quizá esa transformación también nos ayude a afrontar con más serenidad aquello que todavía desconocemos.

No debemos esperar a estar cerca de la muerte para aprender a vivir en paz.

Podemos empezar ahora.

Podemos aprender a soltar algunas preocupaciones, revisar nuestros conflictos, cuidar nuestras relaciones y dedicar tiempo a aquello que realmente da sentido a nuestra existencia.

La meditación, desde mi experiencia, puede ayudarnos a desarrollar esa capacidad de observar, aceptar y vivir con mayor conciencia.

Espero que la muerte me llegue muy tarde. Todavía hay muchas cosas que quiero vivir, aprender y compartir.

Pero cuando llegue ese momento, me gustaría poder afrontarlo con la mayor serenidad posible.

Porque, al final, quizá una de las mejores maneras de prepararnos para morir sea aprender a vivir plenamente.

Quizá no podamos elegir cómo ni cuándo vamos a morir, pero sí podemos trabajar, mientras vivimos, en la persona que queremos ser cuando llegue ese momento.

Investigaciones y lecturas para profundizar

Para quienes deseen conocer algunas de las investigaciones científicas relacionadas con las experiencias cercanas a la muerte y los fenómenos que pueden acompañar al final de la vida, comparto las siguientes referencias:

  1. Van Lommel, P., y colaboradores (2001). Near-death experience in survivors of cardiac arrest: a prospective study in the Netherlands. The Lancet, 358, 2039-2045. Consultar publicación.
  2. Parnia, S., y colaboradores (2023). AWAreness during REsuscitation – II: A multi-center study of consciousness and awareness in cardiac arrest. Resuscitation, 191, 109903. Consultar publicación.
  3. Martial, C., y colaboradores (2019). A systematic analysis of distressing near-death experience accounts. Estudio sobre experiencias cercanas a la muerte angustiosas. Consultar publicación.
  4. A Case Series Recognizing Terminal Lucidity in Non-Dementia Hospice and Palliative Care Patients (2024). Journal of Pain and Symptom Management, 67(5), e668-e669. Consultar publicación.

Una lectura personal

Sánchez Cortijos, Juan Diego. La magia de la vida. Acercándonos a otra realidad. Una obra en la que comparto reflexiones personales sobre la existencia, la conciencia y mi manera de comprender determinados aspectos de nuestra realidad.

Conocer el libro en Amazon.

¿Te apetece seguir descubriendo?

Si te interesan las historias, las experiencias personales, las curiosidades y las reflexiones sobre la vida, la conciencia y mucho más, te invito a seguir compartiendo este espacio.

Suscríbete gratuitamente y recibe mis próximos artículos directamente en tu correo electrónico.

¡Quiero recibir tus artículos!